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Teniendo en cuenta a la psicología como ciencia y su repercusión en el proceso penal, uno podría preguntarse: 1) ¿Qué es el sentimiento de la justicia conocido por el jurista como sentimiento jurídico (no lo que es la justicia en abstracto) y cuál es su trascendencia social?; 2) ¿Qué es la criminalidad y quién el criminal?
Una vez resueltas estas dos preguntas, que hoy por hoy la sociedad está lejos de contestar, vendría una tercera: ¿qué hemos de hacer con el criminal? No hay que olvidar que en teoría el sistema está hecho para la rehabilitación del delincuente. Hay quienes entienden que el que delinque no lo hace por razones patológicas sino por razones que tienen que ver con su formación y sus tendencias psicológicas, teniendo una importancia relevante el hogar (la familia, la educación y los arquetipos de la sociedad).
Otro factor de importancia son las migraciones. Personas de niveles subculturales migran a mega ciudades como Buenos Aires y terminan delinquiendo por el evidente choque cultural, se encuentran repentinamente insertos en una sociedad consumista, donde todo pasa por el dinero o sus equivalentes - por ej. electrodomésticos, teléfonos celulares, autos, etcétera-.
La psicología aún se pregunta en todo asunto criminal, por complicado que sea, si el proceso se puede reducir a este simple esquema social psicológico:
La sociedad en efecto pregunta al delincuente: 1) ¿Qué has hecho? (Interrogante que no es más que un escalón para seguir cuestionando); 2) ¿Por qué lo has hecho?; 3) ¿Has querido hacerlo en favor o en contra nuestra?; 4) ¿Eres peligroso para nosotros?; 5) ¿Eres útil para nosotros?; 6) ¿Eres peligroso solo porque no eres capaz de prever las consecuencias de tus actos?; 7) ¿Eres un enfermo? (diagnóstico psiquiátrico); 8) ¿Te sitúas fuera de la sociedad?; 9) ¿Has querido obrar bien y solo has tenido mala suerte? En estas preguntas se puede encerrar el esquema de todo proceso penal.
Todos los sistemas penales se encaminan a comprobar los móviles y por último la elaboración de toda sentencia requiere de la psicología.
El sistema penal se encuentra debilitado desde que Beccaría en el siglo XVIII escribiera la obra “De los delitos y de las Penas”. En la actualidad tanto el sistema de penas como el de encarcelamiento no han dado buen resultado, ya que cada día se delinque más. Por ello es importantísima la función que pueden ejercer tanto los peritos psicólogos como los asistentes sociales para tratar de encaminar este proceso lo más justo posible. No debemos olvidar que al momento de juzgar está en juego la libertad de un ser humano.
Si bien es cierto que el humano tiene el libre albedrío, debe tenerse en cuenta que las oportunidades no son para todos iguales y que para bucear en esta realidad social la justicia necesita de auxiliares como los psicólogos, asistentes sociales, médicos y un proceso transparente, responsabilidad inherente tanto al fiscal como al abogado defensor. Esta época, el fin del milenio, encuentra a la sociedad en un estado de anomia, donde es muy difícil tener que dictar una sentencia justa, teniendo en cuenta el tipo de prisiones existentes, la cantidad de detenidos en las unidades carcelarias y la no resocialización del individuo en un sistema como el actual.
A modo de ejemplo pueden hacerse cinco citas: 1) El menos tiempo debe medirse por la necesaria duración del proceso y por la antigüedad, que da derecho a ser juzgado antes. 2) El mismo proceso debe acabarse en el tiempo más breve posible. 3) ¡Cuál contraste más cruel que la indolencia de un Juez y la angustia de un reo!, ¿las comodidades y placeres de un magistrado insensible, de una parte, y de otra, las lágrimas y la suciedad de un encarcelado?. 4) Por qué no puede llamarse sociedad legítima a aquella en donde no sea principio infalible que los hombres quieran sujetarse a los menores males posibles. 5) Otras dos consecuencias funestas y contrarias al fin mismo de estorbar los delitos se deriva de la crueldad de las penas.
Estas citas que parecen tan contemporáneas fueron escritas por Cesare Beccaria en su libro “De los delitos y de las Penas” en el año 1764, y publicadas en todas las lenguas cultas en el año 1774.
Esto demuestra que desde 1764 hasta 1999 tanto en el sistema jurídico-penal como en su aspecto penitenciario no se ha avanzado, de acuerdo a las necesidades de los humanos, ya que en el mundo se delinque más y no se atacan las causas-motivos de los delitos; no se puede hablar de Derechos Humanos y dejar sin resolver este tema.
Volviendo al proceso penal en sí, el centro de gravedad de todo interrogatorio al procesado ronda en la pregunta: ¿Por qué has hecho esto o lo otro? Solo puede ser contestado parcialmente por el sujeto, que únicamente conoce los móviles captados por la parte consciente de su aparato anímico.
Cuando el sujeto se contradice es fácil que tenga más razón que el Juez que comprueba las contradicciones en la deposición, ya que la mayor parte de las acciones humanas se producen efectivamente por móviles contradictorios.
A la luz de la psicología actual, si un individuo en su declaración fuera capaz de decir la verdad plenamente, es decir si pudiera conocer él mismo sus móviles, debiera contradecirse en todo interrogatorio. Pese a esto algunos fiscales cuando acusan hablan de mendacidad del imputado, sosteniendo un razonamiento totalmente lineal, como si dos más dos fueran cuatro, y la forma en que responde el consciente y el inconsciente de un humano, nunca es así.
Por otro lado las acciones humanas están siempre motivadas de diversas maneras suficientes, y los distintos móviles son contradictorios en la mayor parte de los casos.
Hay otros psicólogos que demuestran que tanto la psiconeurosis como la criminalidad son defectos de adaptación social y que se diferencian más en su dinámica que en su contenido psicológico. Tanto el neurótico como el criminal han fracasado por su incapacidad de resolver el problema de sus relaciones con la familia en un sentido social. Lo que el neurótico exterioriza simbólicamente y en síntomas inocentes para los demás hombres lo realiza el criminal mediante acciones reales.
Conocer las causas de la conducta delictiva es el aporte que la psicología como ciencia debe realizar al proceso penal.
Marco Aurelio Real
Abogado |