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SALUD MENTAL - Argentina: Una población en riesgo psíquico - Primera Parte
Los cambios sociales generaron efectos sobre la subjetividad y por lo tanto en los diferentes momentos de la estructuración del psiquismo. El ser humano se constituye en una trata social y las modificaciones de ella inciden en esa constitución.
Los duelos por los ideales, por el país que no es, por ilusiones y creencias caídas, abandonadas, con pocas posibilidades, para muchos de renovarlas, hacen a la sociedad misma. Las rupturas del contexto social hacen emerger en diferentes sujetos situaciones de dolor y desorganización local, da cuenta de una situación de vulnerabilidad, constituyendo hoy en día a la población argentina en una población de riesgo psíquico.
Las consecuencias sobre el psiquismo por la crisis socio-económica en Argentina a partir de diciembre de 2001 siguen pesando: demandas excesivas, desesperación y un exceso de violencia, fueron tiñendo los vínculos íntimos y sociales. Idea de futuro incierto.

Valor de trauma

Los estímulos y desorganizantes se hicieron insoportables por su intensidad y duración. Es decir, lo vivenciado se tornó imposible de ser tramitado porque los acontecimientos se dieron de un modo vertiginoso abarcando tanto lo público como lo privado, y generando distintos tipos de respuesta: desde la desmentida y el refugio en fantasías omnipotentes hasta la depresión, la desesperación, estado de angustia permanente, etc. Sensaciones de vértigo, de caída al vacío, de temor, de fin de mundo, se precipitaron. La cotidianeidad se vio trastocada y generó sus efectos en cada aparato psíquico particular.
De esta manera, puede verse un aumento de la solicitud de asistencia psicoclínica, pero con la característica de ser el sector de asistencia en hospitales públicos en donde se da un crecimiento desmesurado de la población necesitada de tratamiento, al punto que la capacidad de atención fue rebasada en gran medida, con sus consecuencias de períodos de espera prolongados y tratamientos que debían acortarse y donde la frecuencia de las entrevistas no podían superar a lo sumo una entrevista por semana. En el sector de los consultorios privados o de instituciones también privadas, que realizan tratamiento a bajo o mediano costo, la disminución de demanda de tratamientos fue la regla y muchos profesionales debieron acordar recortes de honorarios para que pacientes en tratamiento pudieran continuar con los mismos.
Pero los cambios no ocurrieron solamente en el plano económico, en obvia relación con la crisis económica que afectó especialmente a los sectores más pobres de la comunidad y a varios niveles de la clase media (media-media y media-baja), sino que se produjeron cambios en la problemática que llegaba a la consulta.
El sector de la psicosis clásica como la esquizofrenia vera por ejemplo, no ofrece cambios significativos pero no podemos estar seguros que los niños nacidos después del año 2000, no hayan sufrido consecuencias severas por los sufrimientos padecidos por las familias que entraron en un nivel de pobreza que afectó la alimentación suficiente, pero además tuvo consecuencias desarticulantes en la estructura familiar con sus secuelas de comportamientos violentos y de abandono de responsabilidades especialmente por parte de padres, siendo las madres insuficientes por sobrecargas de tareas que ellas en muchos niveles de pobreza se convirtieron en la fuente de sustento económico de la familia, decimos  que no podemos asegurar que las consecuencias de problemas muy tempranos en los niños del 2000 no nos regalen con un crecimiento de la psicosis en un lapso de 15 ó 20 años más adelante, tales podrían ser las consecuencias de una primera infancia con abandono o maltrato infantil.
Las depresiones siguen un camino parecido al de las psicosis en cuanto a las formas melancólicas, pero han crecido las formas atípicas como los trastornos mixtos con ansiedad y depresión y muchas formas de depresiones monosintomáticas, donde el trastorno se instala con un síntoma en el dormir, en pseudo fatiga, en astenia, en incremento del pesimismo, etc., también llamadas depresiones encubiertas ya que su diagnóstico es difícil dado que falta el cortejo que constituye el síndrome. Las condiciones de vida en los primeros años del siglo en Argentina han sufrido cambios dolorosos que no resulta fácil distinguir, si la queja tiene una correspondencia con sucesos reales o responde a un desarrollo de tipo depresivo encubierto que puede o no originarse en los hechos reales producto de la crisis, que rodean la vida del paciente. Una cosa es estar enojado o desalentado porque las cosas no van bien y otra es estar deprimido, sobre todo porque el encaramiento terapéutico de estas variantes son muy diferentes, de allí la necesidad de una buena indagación semiológica para poder discriminar. Este capítulo de las depresiones monosintomáticas o encubertas se ha ampliado en el período de los últimos años seguramente relacionada con las dificultades de la caída social que casi todos sufrimos, pero además se dañó todo un sistema de creencias y de aspiraciones que lleva a muchos argentinos a no saber en qué creer y qué buscar, lo que deriva en dos “salidas”, o un incremento del egocentrismo con una retracción a su mundo personal o a esos procesos depresivos atípicos que caen en el consumo indiscriminado de psicofármacos autoadministrados o recetados por médicos generales cuya formación no posibilita el correcto diagnóstico de cuadros, que aún para el especialista son de difícil abordaje, aquí la interconsulta es beneficiosa, pero en el sector público no resulta fácil por el desborde de su capacidad asistencial.
La gran diferencia de estos tiempos se revela en los cuadros neuróticos, sobre todo en el capítulo de las fobias donde hay un incremento de personas con síntomas de esta entidad. Comencemos diciendo qué síntomas fóbicos tenemos todos en mayor o menor medida, y muchas veces, la organización vital de las personas tiene que ver con una elección que determine un tipo de vida que tienda a evitar el elemento fobígeno y así tenemos personas fóbicas sin síntomas aparentes.
Es llamativo que el incremento de las fobias se ha dado en un tipo que clásicamente fue llamada agorafobia, es decir temor a los lugares abiertos, donde el sujeto trata de evitar estar solo por las calles de la ciudad. El temor es a padecer un ataque de descompensación, mareos, desmayos, caídas, taquicardia, ahogos, opresión cardiaca, muerte, cuadro que ha sido rebautizado como Ataque de Pánico y reubicado entre los trastornos de ansiedad junto con todas las fobias y los trastornos obsesivos-compulsivos (DSM IV); es llamativo, decimos, que este síndrome de temor a los espacios abiertos con amenaza de ataque de pánico, ocurra en mayor medida en tiempos de mucha inseguridad y desprotección de las personas, del tipo que aqueja a los habitantes del Gran Buenos Aires en estas épocas.
Es percibido también como incremento la consulta por problemas de pareja, pero no la tradicional consulta de un matrimonio de algunos años, a veces con hijos, sino de parejas de novios muy jóvenes, a veces con convivencia, cuyas dudas o dificultades se enraízan en la pérdida de nociones que fundaban su orientación en la vida y el olvido de valores  tradicionales que permitían anticipar un futuro con alguna estructura ética y afectiva. Generalmente esos jóvenes no ignoran los valores tradicionales pero algunos no pueden confiar en su permanencia y otros se aferran a ellos creándose climas de disenso que no se expresan solamente o nada más con disputas en las parejas, sino en dolencias de diversos tipos, entre los varones dificultades para realizar acto sexual, ocurriendo a las mujeres un plano de conflicto entre el intenso deseo de ser madres y las consecuencias que acarrea a ellas en su realización personal, un posible encierro en la maternidad.
Todos estos problemas que se expresan en patología psíquica tienen probablemente una relación muy directa con un país que ha abandonado muchas de sus bases tradicionales, sin aportar nuevas propuestas, que los protagonistas  de estos tiempos deberán construir por sí solos, siendo la investigación psicoclínica un acercamiento a esos problemas que realmente constituyen las carencias actuales.

El suicidio y los adolescentes

Este es un tema importante para tratar porque generalmente los adolescentes atraviesan una crisis existencial bastante severa, y si a ésto se le agrega otros factores como una deficiente comunicación con los padres y la desintegración intrafamiliar, la experiencia negativa de algunos amigos, la falta de oportunidad para estudiar y trabajar, la decadencia de valores, los enamoramientos poco sensatos, etc, conforma una mezcla verdaderamente fulminante que al no tener los elementos necesarios para enfrentarla es casi lógico que culmine en un intento de suicidio que afortunadamente en un alto porcentaje no se realiza.

Realidades que tiene el suicidio

De cada 10 personas que se suicidan, 8 han advertido en algún momento de forma clara sus intenciones. Los estudios realizados revelan que las personas suicidas proporcionan indicios y advertencias sobre sus intenciones. Lo que hacen es apostar por la muerte dejando que sean los otros los que lo salven. Los individuos se suicidan sin que los otros sepan cómo se sienten. Son muchos los suicidios cometidos luego de tres meses de haber comenzado la mejoría, cuando la persona tiene energía suficiente para poner sus ideas y sentimientos mórbidos en práctica.
Este es un acto representado en todos los estratos sociales, es un patrón individual. En cambio, son mitos los que hablan de suicidarse y no lo llevan a cabo, el suicidio se produce sin previo aviso, los suicidas están decididos a morir, una persona que está en estado suicida lo está siempre, la mejoría después de un intento de suicidio quiere decir que el riesgo de suicidio se ha superado, es más frecuente entre ricos o la inversa sólo se presenta entre los pobres, se hereda o está en la familia. Acá vemos qué es realidad y qué es mito.

Indice de suicidio según estado civil calculado sobre 100.000 casos

Hombre divorciado 47 %
Persona casada 8 %
Persona soltera 15 %
Persona viuda 17 %
Mujer divorciada 13 %
Fuente: Organización Mundial de la Salud.

¿Puede predecirse un suicidio?

Vivimos un presente complicado, donde tanto las estructuras intermedias de contención han sido destruidas o se han disuelto, y reforzando este desmembramiento social, la familia –principal núcleo de unidad social-, se ha disuelto. Esto trajo como resultado una de las nuevas epidemias de la posmodernidad de las grandes urbes: la soledad. Que es sufrida por importantes cantidades de sujetos, estén con otros o no. La soledad es el mejor amigo de la depresión y el suicidio. Vivimos entre multitudes de personas en soledad, producto de una sociedad individualista e inhumana.
Con todo lo manifestado precedentemente, surge la interrogación sobre la previsibilidad del suicidio, y la verdad que no lo es. Es muy difícil predecir un suicidio y se puede decir que es casi imposible. De esta manera, cuando la justicia y sus auxiliares evalúan un caso de suicidio (es decir, un muerto), a través de los diferentes mecanismo que poseen (historia clínica, la autopsia, los resultado histopatológicos y toxicológicos, las declaraciones testimoniales y los informes de los peritos de parte de los imputados), están evaluando sobre la certeza. Así, resulta sencillo establecer o fundamentar, que hubiera sido mejor haber realizado tal o cual tratamiento, diferente al que se aplicó. Sin embargo, las causas de ese resultado (suicidio) son muy difíciles de determinar. Diferente es cuando se debe evaluar un caso sobre un paciente (es decir una persona viva), donde siempre el diagnóstico será presuntivo.
Por otro lado, el terapeuta tiene que evaluar si el paciente está contenido por su entorno, como también tener en cuenta las diferentes patologías que puede tener. En este sentido, a partir de la crisis que sufrió Argentina en el 2001 junto a los problemas que trajo aparejado, como los secuestros, la inseguridad, la caída económica, entre otros, muchas personas comenzaron a padecer nuevas psicopatologías, o las mismas pero expresadas  a través de diferentes síntomas.
Así mismo, es muy perjudicial que los medios de comunicación transmitan determinadas noticias que pueden ser disparador o provocar en el otro, lo que se denomina “efecto dominó”, y así inducir al suicidio a otras personas. En nuestro país tuvimos el resonante caso del periodista Juan Castro. Tanto es así, que en el código de ética del diario más importante del mundo de habla hispana, El País de España, se establece la prohibición de difundir noticias sobre suicidios, entre otras, por el efecto que puede provocar en terceros.

Suicidio, responsabilidad profesional y justicia

Ante un suicidio siempre toma intervención la policía y la justicia penal, ya que en principio es una muerte dudosa y debe establecerse si realmente la persona se suicidó o la mataron. Si se determina el suicidio, entonces se comenzara a investigar si hay responsabilidad de los profesionales intervinientes, si los hubiere. Dicha investigación se realiza a través del Cuerpo Médico Forense, como auxiliar de la justicia, que hace las evaluaciones correspondientes, en una junta médica con los peritos de parte de los imputados. Como se dijo precedentemente, evaluando la historia clínica, la autopsia y otras estudios. Y será este Cuerpo el que responderá las preguntas del caso que realice la fiscalía y el juzgado.
Para ilustrar este desarrollo comentaremos un caso práctico. Este es el caso de una paciente que debió ser internada en un sanatorio privado por una enfermedad que nada tenía que ver con una psicopatología. La paciente, luego de estar varios días en internación se suicidó. Cabe aclarar que en los interrogatorios que los médicos realizan habitualmente, la paciente les comunicó que había sufrido episodios de depresión y crisis de pánico.
Como sucede habitualmente, toma intervención la policía y la justicia penal y se comprueba que fue un suicidio. A partir de ese momento, la justicia comienza a investigar si existe nexo causal entre el suicido de la paciente y el accionar de los profesionales de la salud que la atendieron. De esta manera, la fiscalía le pidió al Cuerpo Médico Forense que, una vez realizada la junta médica, responda las siguiente preguntas:
  1. Si conforme la patología por la cual la paciente fue internada en el sanatorio, debía suministrársele una atención y supervisión psicológica y/o psiquiátrica permanente.
  2. Si el sanatorio se especializa en la atención de pacientes con problemas psicológicos o psiquiátricos y si cuenta con los profesionales médicos necesarios para atender tales patologías.
  3. Si el personal clínico y psiquiátrico del sanatorio podía disponer la atención permanente, al menos psiquiátrica y psicológica de la paciente, sin descuidar la atención de los restantes pacientes allí alojados.
  4. Si puede concluirse categóricamente que el resultado final aquí investigado, puede atribuírsele a los médicos imputados a raíz de una falla en la atención de la paciente, y de ser así, se clarifique cuál fue su negligencia, imprudencia, impericia o inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo que determinan tal desenlace.
  5. Si el resultado final aquí pesquisado podría haberse evitado, independientemente del actuar de los profesionales médicos aquí imputados.
  6. Si se desprenden cabalmente signos o patología suicida de la lectura de la historia clínica de la damnificada, que permitiera inferir el desenlace aquí pesquisado.
  7. Si la patología que sufría la paciente exigía necesariamente un extremo cuidado sobre su persona, hasta llegado el caso de restringir sus salidas de la habitación o hasta prohibírselas sin la presencia de un tercero o médico tratante.
  8. Si la medicación que se le debió suministrar a la paciente, conforme a las patologías que sufría, y que se desprenden de la historia clínica glosada al legajo, pudo haber alterado su psiquis de forma tal que la llevara a tomar la decisión de quitarse la vida.
  9. Si el accionar de los médicos actuantes y aquí imputados, fue el esperable y correcto, conforme las prescripciones del arte de curar.
En el próximo informe y continuando con la temática del suicidio, la responsabilidad profesional y la actuación de la justicia, se trabajará la importancia de la autopsia, los diagnósticos histopatológicos y toxicológicos. Además, se analizarán las diferencias existentes cuando el suicidio ocurre en una clínica o sanatorio privado y cuando el hecho sucede en un centro especializado, tanto público como privado, dado que este último cuenta con un mayor entrenamiento y entendimiento de los profesionales que trabajan en él, tanto médicos como enfermeros.

Marco Aurelio Real
Abogado

Colaboraron en este informe: el Doctor Nicolás Torres, Psiquiatra y las Psicólogas Beatriz Cuesta y Silvina Vidal.
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